PAGANINI: el violinista del diablo

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Niccolò Paganini fue un compositor y violinista italiano nacido en 1782, en pleno Romanticismo, que revolucionó el mundo del violín y, hasta hoy en día, sigue siendo considerado uno de los violinistas más virtuosos del mundo. Los 24 Caprichos para violín son una de sus obras más conocidas y siguen sirviendo de inspiración para numerosos compositores.

Sin embargo, no destacó solo por sus notas imposibles, sino que, en mi opinión, fue pionero del desarrollo de la Imagen Pública y el marketing personal para potenciar su carrera.

EL VIOLINISTA DEL DIABLO

Su leyenda sigue retumbando en nuestros días.

Cuentan las crónicas que verle (y escucharle) tocar era un ejercicio de humildad. Te sentías pequeño, impotente y mediocre al observar cómo, incluso con una sola cuerda en el violín, lograba arrancar sonidos fantásticos e increíbles. Existe el debate aún sobre si su increíble habilidad era consecuencia de una hiperlaxitud en las articulaciones que le permitía alcanzar tres octavas en piezas musicales de extrema dificultad.

Pero en aquella época, su música imposible sólo podía ser cosa del diablo. Los hombres aplaudían y silbaban en sus espectáculos. Las mujeres se desmayaban. Acudir a uno de sus conciertos era ir a ver lo nunca visto y oído.

Y su leyenda comenzó a fraguarse bajo el fuego de la magia negra y lo oculto.

EL PODER DE SU IMAGEN PÚBLICA

Paganini lo supo aprovechar. Convirtió sus actuaciones en espectáculos y su imagen desgarbada e intensa, en un símbolo. 

Salía a escena rodeado de velas humeantes, inciensos, escenarios oscuros y él como figura única y central. Vestía de negro como único color y con ropas de cuero y ceñidas para potenciar esa imagen maligna y misteriosa. Realizaba coreografías y danzas y compuso obras imposibles, que sólo él podría interpretar.

Toda la escenificación arropaba su música, como el marco perfecto para el más exquisito cuadro. 

No sólo eso, en sus carteles y folletos promocionales incluía alusiones a su leyenda: el violinista del diablo. Lo provocaba, lo potenciaba, sabía que promoción diabólica correría rápido por la Europa del Romanticismo y le llevarían a estar en las conversaciones tanto del humildes de campesinos como de las cortes del viejo continente.

Y acertó. Hasta el punto de que, tras su fallecimiento, ningún sacerdote quiso darte cristiana sepultura. 

Se le considera el pionero del marketing personal y de la imagen pública como potenciador de la reputación.

Algo que sin duda consiguió ya que, siglos más tarde, seguimos recordándole por sus increíbles composiciones, su técnica imposible y su fascinante personaje público.

Niccolò Paganini, conocido como el violinista del diablo, sin duda fue no sólo un músico excepcional sino el precursor de la Imagen Pública y las acciones de marketing personal en el campo de la cultura.

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